El Coronavirus ha puesto nuestras vidas patas arriba. Nadie podía prever en febrero el impacto que el COVID19 causaría en nuestra rutina en tan poco tiempo. 

Parar esta epidemia está en nuestras manos, y como apuntan diversos estudios científicos, como el último del Centro para el Control y prevención de enfermedades, también está en nuestros pies. 

El virus podría estar viajando en la suela de nuestros zapatos, contaminando así el refugio que supone nuestro hogar, por lo que es muy importante que antes de entrar en casa nos descalcemos y desinfectemos los zapatos con la misma urgencia con la ya hemos interiorizado que debemos lavarnos las manos. 

¿Cómo desinfectar los zapatos?

Para empezar, es fundamental que no recorramos la casa con el calzado puesto, por lo que conviene tener en la entrada unas zapatillas de casa para llevar nuestro calzado en la mano antes de cruzar el umbral. La suela es el lugar donde el virus se adherirá con más probabilidad, pero al igual que lavamos la ropa a más de 60º, la superficie externa del zapato, los cordones e incluso el interior, deberían ser también desinfectados. 

La solución más sencilla y práctica, si son zapatillas de deporte o cualquier otro calzado que lo permita, es meterlo a la lavadora con un programa corto de temperatura alta y listo, pero ¿qué pasa si tengo que utilizarlos a diario? ¿Qué pueden hacer aquellos trabajadores con su calzado de seguridad o los dueños de mascotas que deben salir todos los días por necesidad? Es más que probable que, si no contamos con secadora, los zapatos o botas no se sequen a tiempo para volver a utilizarlos.

En este caso, tenemos varias opciones. Si asumimos que el virus está impregnado en las suelas o en cualquier otra parte de la zapatilla, una opción es manipular este calzado con esta consideración muy presente, es decir, quitárnoslo en la puerta de casa y llevarlo directos a una terraza (si es posible) o a un rincón donde no tengan riesgo de contacto con nada más y del que no los vayamos a mover hasta que volvamos a necesitarlos. Por supuesto cuando los usemos de nuevo, los cogeremos con guantes (o siendo conscientes de que estamos de nuevo contaminándonos las manos) y no nos los pondremos hasta que hayamos pasado, de nuevo, el marco de nuestra puerta.

Otra opción (la más conveniente) es limpiarlos manualmente. Será suficiente con utilizar un producto desinfectante, como lejía o cualquier solución alcohólica que podamos aplicar en un paño con el que frotar la suela y toda la superficie exterior del zapato. Las toallitas húmedas son una buena alternativa, pero como decimos, un viejo trapo humedecido con agua y lejía es un recurso tan bueno como cualquier otro.

Si quitamos los cordones primero, nos resultará más sencillo acceder con el paño a los agujeros y pequeños orificios del zapato, y repasar la lengüeta y su interior. Podemos poner los cordones en un recipiente con agua y alcohol mientras limpiamos el resto, y en unos minutos tendremos todo desinfectado.

Finalmente, con otro paño que tenga siempre un producto desinfectante o solución alcohólica, limpiaremos cualquier superficie que hayamos tocado al entrar en casa, como las manillas de las puertas o los interruptores. 

Y, por último, no olvidemos lavarnos bien las manos.

La seguridad es el valor que rige la actividad de Mendi desde su origen. Tanto en entornos laborales como en el hogar debemos ser ahora más precavidos que nunca para poder estar junto otra vez, cuánto antes.

#EsteVirusLoParamosUnidos

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