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Cuando hablamos de EPI, pocas veces consideramos como tal el calzado de seguridad. Aún más desapercibida pasa ahora esta categoría, si cabe, cuando hablamos de medidas de protección. La conversación sobre seguridad laboral gira en torno a la COVID19 y a los recursos “novedosos” o “especiales” diseñados para prevenir el contagio. Sin embargo, no podemos olvidar en esta nueva etapa los riesgos con los que ya convivíamos antes en el entorno laboral. Las causas principales de accidentes laborales incluyen entre los primeros puestos las caídas al mismo nivel, caídas de altura y la contracción o fatiga musculares, por mantener una postura inadecuada o por sobreesfuerzos. Un calzado de seguridad apropiado puede ser el mejor aliado contra resbalones y tropiezos que acaban en caída, además de favorecer el correcto equilibrio del peso del cuerpo y la amortiguación de los impactos de la pisada. Los pies son nuestro punto de apoyo, sostienen el resto del cuerpo y lo hacen plenamente funcional. Cualquier medida de protección que requiera el trabajo, por tanto, debe empezar por los pies.

Pero, ¿qué debemos priorizar a la hora de elegir un calzado de seguridad? Para elegir el EPI correcto debemos conocer al detalle el tipo de trabajo que se va a realizar, las condiciones físicas del empleado y las circunstancias y duración de las tareas para poder evaluar los riesgos que conllevan. A continuación, te presentamos una pequeña guía con las principales cuestiones que se deben considerar para elegir un calzado de seguridad:

·         Si el puesto somete al trabajador a temperaturas extremas: es importante contar con un calzado que aísle del frío y calor sin perder la capacidad de transpiración del pie. Las suelas de PU2D  y de caucho nitrilo de nuestros calzados, por ejemplo, presentan unos valores de resistencia al frío y calor mejorados con aditivos especiales y una resistencia significativa de la suela al calor por contacto.

  •  En entornos húmedos: el calzado laboral en para estos casos debe tener cierta resistencia a la penetración y absorción del agua. La suela se torna aquí imprescindible, debe combinar elementos antideslizantes como canales de evacuación y tacos  que proporcionen estabilidad y agarre en cualquier ambiente de riesgo. Como hemos visto, las caídas son una de las causas principales de accidente laboral, la adherencia del zapato o zapatilla de seguridad al suelo es clave en entornos con mayores probabilidades de deslizamientos, aunque también debería ser un factor muy importante en trabajos que requieran manejar maquinaria o vehículos en los que se empleen los pies. Las consecuencias de un pedal que se resbala en el momento más inoportuno podrían ser fatales.

  • Riesgo eléctrico: si trabajamos en entornos de riesgo eléctrico debemos considerar un calzado dieléctrico o conductivo, en función del trabajo. El primero protege del riesgo de muerte aislando el cuerpo humano de la corriente eléctrica y está destinado a proteger a la persona que trabaja directamente con la electricidad por lo que presenta una gran resistencia eléctrica, este tipo de calzados son un EPI de categoría III.

    En cuanto al calzado antiestático o conductivo que es el utilizado habitualmente para la gran mayoría de los trabajos, disipa la corriente estática y presenta una resistencia a la corriente baja favoreciendo su descarga con facilidad.
     
  • En otro grupo nos encontramos con los calzados ESD que también disipan las cargas electroestáticas, pero con valores mas exigentes que para el calzado conductivo.

    Este tipo de calzados intenta proteger tanto al trabajador como a los componentes que manipula en su labor profesional (salas blancas, trabajos con circuitos impresos, pintores de precisión, componentes electrónicos…).

  •  Protección de dedos: no podemos olvidar otra de las causas que encabezan los accidentes laborales: la caída de objetos pesados, cortantes o punzantes. Para ello se han diseñado punteras de distintos estilos: fibra de carbono, acero, aluminio… Pese a que tendemos a asociar su material (en el caso de los más pesados) con la resistencia, lo cierto es que todas ellas garantizan la resistencia al impacto y al aplastamiento según la normativa vigente, así que las diferencias entre una puntera y otra tienen más que ver con lo económico, la comodidad, y la conveniencia del material en términos de confort, peso y de aislante térmico.
  • Comodidad: además de que sea seguro, la comodidad es un factor en ocasiones olvidado, pero igual de importante. La comodidad implica algo más que el confort del trabajador. En muchas ocasiones que el empleado se sienta cómodo llevando ese calzado durante muchas horas significa que la suela, la horma y los materiales   tienen unas características ergonómicas que reparten correctamente el peso del cuerpo, o que el diseño incluye la preocupación por su espalda. Además, la postura que el trabajador vaya a adoptar en el desempeño de sus tareas también influye en la concepción del zapato. Los modelos Cosmo o Fenix de la línea WIN, por ejemplo, son zapatos muy ligeros con refuerzos en puntera y talón, concebidos para trabajos donde se requiere estar de rodillas.

 

En Mendi hemos hecho de la seguridad laboral nuestra bandera. Estamos convencidos de que las personas son lo que sostiene cualquier empresa, por este motivo, continuamos velando por la integridad física del trabajador, ofreciendo un amplio catálogo de calzado de seguridad con las últimas innovaciones del sector.

 

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